BENJAMIN GROSVENOR, UN PIANISTA DESLUMBRANTE

REVISTA MUSICAL CATALANA

BENJAMIN GROSVENOR, UN PIANISTA DESLUMBRANTE

Si una faceta interpretativa hay que remarcar del pianista británico Benjamin Grosvenor, hay que buscarla en sus facultades técnicas. Grosvenor -nacido en 1992- ha sido ganador de numerosos concursos pianísticos y sus actuaciones junto a grandes orquestas internacionales y en grabaciones discográficas le han valido una gran serie de elogios.

El Palau pudo escuchar un pianista deslumbrante, capaz de afrontar con valentía los temibles pasajes de octavas, cruces de manos inverosímiles, saltos y arpegiados endemoniados propios de las heroicas reminiscencias de ‘Norma’ de Bellini obra de Liszt y quedar idénticamente cautivado con su concreción y capacidad de recrear unas atmósferas sutiles que impregnan de musicalidad unas páginas minimalistas como las Visiones fugitivas de Prokófiev. Grosvenor es, sin embargo, un pianista que debe seleccionar cuidadosamente el repertorio que afronta en concierto.

Su versión de la Kreisleriana nos presentó el Schumann más apasionado y vehemente, la vertiente más espectacular de estas ocho fantasías inspiradas en la obra literaria de E. T. A. Hoffmann. Pero esta visión del Schumann más incisivo dejaba de lado las facetas más poéticas, reflexivas. Todo iba encaminado a un planteamiento arrollador en detrimento de unos instantes de pausa que ofrecieran un contraste con la vertiente más poética. Grosvenor se mueve maravillosamente en un pianismo que pide brillo, acrobacia y juegos artificiales técnicos que pongan a prueba su articulado de precisión milimétrica y un aplomo ante los pasajes más comprometidos que no lo atemorizan.

Uno de los momentos estelares del recital llegó con su versión de la Sonata 1.X.1905 de Janáček, página en la que el compositor rememoraba todo el dramatismo de la muerte de Frantisek Pavlik en el transcurso de las protestas en la Universidad de Brno. Obra punzante, evocadora, incisiva, estructurada en dos movimientos, se inicia con “Presentimiento”, en el que Grosvenor captó toda la angustia, la austeridad y recreó con gran profundización interpretativo el carácter reflexivo que rodea los momentos más oníricos y apacibles del movimiento. En el segundo apartado, “La muerte” -con su característica figura de tresillo que aparece de manera obstinada-, el pianista británico expresaba toda la fortaleza del discurso extrayendo el mensaje punzante que contiene la página pianística del compositor checo.

Grosvenor sedujo al público por su espectacularidad y seguridad técnica, por su manera de tocar muy personal que ha sido catalogada como eléctrica, pero que dista todavía de una profundización que seguro alcanzará cuando dentro de un tiempo afronte las obras más exigentes a nivel expresivo.